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jueves, 15 de mayo de 2014

Soy juez constitucional y digo lo que quiero

Hoy el juez Álvarez Miranda ha publicado un artículo indolente e ignaro, en el que no solo defiende lo decidido por el Tribunal Constitucional en la sentencia que denegó a una mujer transexual el derecho a que en su DNI figure su identidad sexual (sexo femenino, F), sino en el que también banaliza la pretensión de la demandante, asemejándola a las operaciones que se realizó un hombre para parecerse al muñeco “Ken” (pareja de la muñeca “Barbie”).

El artículo no solo expone de modo totalmente insatisfactorio sus “razones”, incurriendo en varias falacias (como explica bien Renzo Cavani), sino que revela también los prejuicios de los partió la sentencia (como explicó ayer el juez Carlos Mesía).

El texto de Álvarez Miranda, reiteramos, es ignorante e indolente pues sostiene –sin mayor justificación– que el sexo que debe primar en el DNI es el “biológico” y que no puede tutelarse el cambio de sexo porque la condición de transexual es una patología. Al respecto, nada sustenta que el sexo que deba primar en el DNI sea el biológico. Al contrario, cada vez son más los países que, sobre bases científicas –y no sobre el puro prejuicio– respetan la identidad de género a través del sexo registrado en el documento de identidad.

Asimismo, cuando en el campo especializado se señala que la transexualidad es un “transtorno”, no se hace considerando que hay que adaptar la identidad de la persona transexual a su cuerpo (y los genitales con los que nació), sino al hecho de que la separación entre cuerpo e identidad puede generar un “malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo” (Manual DSM IV). Siendo así, la forma de enfrentar este supuesto “transtorno” es, más bien, facilitar material y jurídicamente la vida, el bienestar y el libre desarrollo de la persona transexual, tarea que compromete constitucionalmente al Estado (y que podría incluir, por ejemplo, brindar facilidades para el cambio de sexo).

Es cierto, por último, que la libertad de expresión cobija la posibilidad de decir muchas cosas, algunas con base en la ciencia y el Derecho, así como otras desinformadas y sobre la base de prejuicios. Estas últimas, a veces inocuas, hacen daño cuando se reproducen en sentencias. Por ello, así como el señor operado al que se referió Álvarez Miranda (el neoyorkino Justin Jedlica) no es "Ken", también es verdad que un juez prejuicioso, definitivamente, no es buen juez.


BONUS:
  • Entrevista a Estela, la demandante en el Exp. N° 00139-2014-AA/TC, vía La Ley.
  • En un post anterior expliqué que la STC Exp. N° 00139-2014-AA/TC, pese a todo, permite aseverar la constitucionalidad de un futuro matrimonio igualitario. Ahora agrego que insistir en la transexualidad como un “transtorno” –si es bien explicado y se busca respetar la Constitución– podría utilizarse como argumento a favor de proteger plenamente el derecho a la identidad de género (con otra composición del Tribunal Constitucional, claro está). 
  • (Actualización) Además, la consticrítica Úrsula Indachochea explica que la sentencia debió tener en cuenta el Caso Atala Riffo y, con ello, resolver protegiendo el derecho a la igualdad (a no ser discriminado), además del derecho a la identidad.

viernes, 19 de julio de 2013

Repartijas, lagartijas

A ver, no había dicho nada por este medio, pero más vale tarde que nunca:

Primero, estuve asqueado como la mayoría y reviví la angustia de cuando se votaba en el Congreso fujimorista. No solo me indignó la votación, también la hipócrita lavada de manos del nacionalismo, toledismo y fujimorismo hoy.  De todos estos, más desdeñable me parece lo de Toledo (alguna vez pensé, durante las elecciones pasadas, que era la opción menos mala). Los fujimoristas son como son, no hay margen para decepcionarse más. Pero lo de Toledo… ahora me queda claro que, estando en el piso, igual puede llegarse más bajo.

Segundo, me parece liberador que haya quedado en evidencia las mezquindades de todos los grupos políticos. Todos. Incluyendo el PPC que dijo votar tapándose la nariz. Incluyendo el Apra, que nos hizo recordar que cualquiera puede proceder igual de mal que ellos. Ni siquiera se escapa Acción Popular-Frente Amplio, que, con todo, igual tuvo a Víctor García Belaunde en el centro de la repartija y sigue estando en la bancada, como si nada.


Tercero, en estos dos días estuve preparando una estrategia legal para enfrentar el tema, desde una perspectiva que tenga posibilidades reales de éxito. Gracias a las declinaciones (logradas, sin duda, por la movilización del miércoles), ya no vale la pena abundar en los detalles. No obstante, me parece necesario no dejar de señalar, sobre la Defensoría, que hasta ayer la posibilidad para evitar que Freitas asumiera el cargo estaba en la Municipalidad de Lima. En efecto, si el Concejo Municipal no vacaba a Freitas hasta el siguiente viernes (26 de julio), el Congreso, conforme a la Ley Orgánica de la Defensoría del Pueblo, debía considerar que Freitas no aceptó el nombramiento y, por ello, elegir a otra persona para el cargo (pues ser Defensora es incompatible con ser regidora). Acá el problema es que Susana Villarán, pese a los cuestionamientos existentes, expresó a los medios que allanaría el camino para que Freitas acceda a la Defensoría. Lamentable. Para mí esta es otra notable decepción (yo hice campaña y fui personero por No) que alinea a la alcaldesa con una vieja forma de hacer política, esa que hemos repudiado. Teniendo el Concejo la posibilidad de hacer lo correcto y solucionar el tema, más bien se puso de costado.

Cuarto, es necesario estar atentos a los que quieren sacar ventaja de esta situación. No solo están Alan y Ollanta, sino todos aquellos a quienes les conviene, por inconfesables motivos, que se cierre el Congreso (y, claro, a veces ganas no faltan). Hay diferentes intereses, y de diversos colores ideológicos, detrás de este tipo de iniciativas. Siendo así, quienes queremos más y mejor institucionalidad debemos estar atentos para, finalmente, no jugar en sentido contrario.  

Quinto, debemos pensar seriamente en generar consensos en torno a nombres de posibles magistrados o defensores. Por mi parte, no creo que baste con ser un “buen académico” o un jurista de “prestigio” para ser juez del Tribunal Constitucional (además, valga mencionarlo, entre varios de los nombres que han circulado como propuestas más es el eco que el sonido). Ser magistrado de un órgano jurídico-político como el TC es muchísimo más que ser un académico o técnico del Derecho. Como recuerda Landa –parafraseando a Lord Devlin–: un juez debe ser ante todo un caballero y si sabe de Derecho mejor. Precisamente eso (más decencia, más integridad, más sentido de justicia) es lo que viene haciendo falta en el TC, el Congreso y la política en general. Finalmente, no quiero dejar de mencionarlo: a mi parecer, si bien el actual Defensor se ha comprado pleitos importantes, mi percepción es que el año pasado tuvo una actitud algo tibia, y que un Defensor puede hacer mucho más (antes del rush final inclusive).